Investigación y creación de archivo: Arte integrado en Chile y la experiencia creativa del colectivo DI 1969-1973.

Investigadoras Stella Salinero y Mónica Salinero

Proyecto Financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, Fondar regional convocatoria 2015

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Memoria

A veintiseis años del regreso de la democracia en Chile aun la teoría e historiografía del arte, así como las disciplinas relativas al estudio de la cultura material, hacen su aporte al olvido colectivo por omisión. Aunque se observa cada vez más un interés por recuperar las artes, especialmente la arquitectura de este período. Uno de los elementos que esta investigación sostiene como de mayor relevancia es el quiebre que significó la dictadura respecto a la gestión de las artes y la cultura material en el espacio público. Este nuevo tipo de gestión de los espacios públicos y la cultura incluía la eliminación de cualquier objeto que pudiese recordar el proyecto revolucionario. Así fue como se forjó y extendió con mucha fuerza el discurso político que postulaba la necesidad de mirar el futuro y olvidar el pasado, discurso que desdeña, en la jerga del pensamiento desarrollista y pseudomoderno, todo aquello que supuestamente se ha superado por su inutilidad. Sin embargo, como plantea críticamente -pero también esperanzadoramente- la socióloga de la imagen boliviana Silvia Rivera Cusicanqui lo único que podemos tener frente a nuestros ojos es el pasado, es lo único que hemos visto; mientras que inevitablemente estamos de espaldas a un futuro siempre incierto y abierto.

 

Es por ello que la eliminación de ciertos espacios, hasta de ciertas ornamentaciones de las ciudades no deben tomarse a la ligera. Muchas veces responde a la eliminación de ciertos acuerdos y proyectos que se encuentran plasmados en las cosas, por tanto implican la eliminación de la posibilidad de experimentar cotidianamente otras versiones y formas de entender como se ordena el mundo. En relación al Colectivo Taller de Diseño Integrado, que es el objeto de esta investigación, resulta especialmente ejemplificador lo sucedido con el edificio UNCTAD III levantado en el gobierno de Allende especialmente para la Conferencia de Naciones Unidas de 1972 y proyectado para posteriormente constituir un epicentro cultural. Por propuesta de Bonati, quien participaba en la comisión de construcción del edificio, un grupo de artistas, entre los que se encontraban los pertenecientes al DI, trabajó en la construcción del edificio UNCTAD III. El modo en que las y los artistas operaron en la obra se asocia directamente con las ideas de trabajo colectivo y arte integrado del DI, donde el artista se incorpora como un trabajador más, lo cual se expresa en que recibieron un salario idéntico al que recibían los obreros de terminación del edificio.

 

Durante la Unidad Popular se concibió como un Centro Cultural abierto, gratuito, con un comedor popular, y que constituiría un punto de atracción de las masas populares de la periferia al centro cívico de la ciudad. Posteriormente, la dictadura militar lo utilizó como sede del Comando Conjunto de la Junta Militar y Ministerio de Defensa, para lo cual instaló un reja al exterior del edificio, cerró accesos, eliminó la señalética interna que era roja, también algunas obras de artistas entre las que se encuentran la obra escultórica de Ortúzar y el mural realizado por Vial, y cambió el nombre del edificio que se llamaría Gabriela Mistral por el de Diego Portales, quien fuera un político autoritario del siglo XIX. Tras el incendio que sufrió el edificio durante el primer mandato de Bachelet, se comprometió la readecuación del mismo como centro cultural y haciendo alusión a su sentido original volvió a llamarse Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM). Sin embargo, en el presente trabajo se postula que en este momento también resulta evidente que la gestión del GAM se encuentra fuertemente marcada por las reglas que rigen hoy el mercado del arte y la cultura, así como el uso de los espacios públicos y el papel que le toca al Estado y a los privados según este modelo. Actualmente, muchas de las obras originales del edificio no ocupan un lugar adecuado, se dio prioridad a la incorporación de nuevas piezas, así como una tienda de la marca alemana puma, en lugar del comedor popular a bajo costo se instaló una cafetería gourmet, la mayoría de los servicios se pagan y se copió el texto de la piedra inaugural desaparecida, sin indicar la procedencia de la significativa frase que dice: Este edificio refleja el espíritu de trabajo, la capacidad creadora y el esfuerzo del pueblo de Chile, representado por: sus trabajadores, sus técnicos, sus artistas, sus profesionales. Lo que sigue fue omitido: Fue construido en 275 días y terminado el 3 de abril de 1972, durante el gobierno popular del compañero presidente de la República, Salvador Allende G., y, ocupa su lugar el nombre de la empresa constructora que refaccionó el edificio luego del incendio. Actualmente es administrado por una empresa privada externa y su público objetivo son las clases media y alta, que han ido poco a poco acercándose al centro de la ciudad debido a los denominados procesos de gentrificación.

 

Así también, parece haber desaparecido del mapa de la memoria un tiempo de experimentación en las artes visuales chilenas, que entre otros ámbitos trabajó en el espacio público ligado al desarrollo industrial, privado y/o a políticas públicas de mejoramiento urbano. Quizás influenciados por lo que sucedía en diferentes partes del mundo (URSS, RDA, RFA, Cuba, Estados Unidos, México, Brasil) se hizo uso del mural con diferentes estilos, destacando el desarrollo de la geometría y las artes cinéticas. Entre las obras murales de la época se encuentran la que hiciera la artista Virginia Hunneus para la empresa Savory, los de Mario Carreño para el Colegio San Ignacio, durante los 60 y, los murales de Martínez Bonati en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Chile, el mural del Paso Bajo Nivel Santa Lucía del Taller de Diseño Integrado que se analizará en detalle en uno de los próximos capítulos, así como el mural El primer gol de Chile de Roberto Matta para una piscina municipal (1) en un barrio popular de santiago, realizados los primeros años de la década de 1970 . También destaca una escultura -especie de tótem muy estilo minimal- de Ortúzar realizadas para el espacio público: Memorial del General Schneider, de motivación política. La experimentación en las artes tomó diversos caminos, tanto los que significaban una alianza con los adelantos de la ciencia y la técnica, como aquellos que implicaban la utilización de nuevos formatos.

 

A pesar de la diversidad de caminos, la figura del artista comprometido con los proyectos y procesos de transformación política y social destacaba fuertemente en la escena artística experimental chilena. El o la artista comprometida buscaba su lugar y aporte para la construcción de una sociedad liberada de la explotación capitalista y, a la vez, celebraba el giro hacia la emancipación que daba la sociedad chilena. La encuesta -y acción de arte a la vez- que realizara el artista Enrique Lihn muestra como los cuestionamientos sobre el papel de las artes y los artistas, así como la formación y la misma institución de la Universidad de Chile eran pensadas al alero de los cambios sociales y políticos que se buscaban concretar. Todo lo anterior manifiesta la existencia de un proceso propio desde esta zona de la región latinoamericana, y no sólo la exportación de ideas.

 

(1) Actualmente este mural se encuentra restaurado tras ser tapado con cemento durante la dictadura militar, el lugar se ha convertido en el Centro Cultural Espacio Matta perteneciente a la Municipalidad, que realiza diversas actividades artísticas y culturales abiertas al público de toda la ciudad de Santiago.

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